Nota · 12 de junio de 2026
El Caballo en el palco: la conexión con el pueblo cuesta 22 mil pesos
Hay representantes populares que se acercan al pueblo tocando puertas, y hay otros que se acercan subiendo una foto desde la zona más cara del estadio. El diputado federal por Chihuahua Alfredo 'El Caballo' Lozoya, de Movimiento Ciudadano, eligió la segunda modalidad: presumió en redes su asistencia al juego inaugural México-Sudáfrica en el Estadio Ciudad de México, en un sector donde —según los precios oficiales— los boletos costaron entre 13 mil y 22 mil pesos.
Pongámoslo en perspectiva chihuahuense. Con 22 mil pesos un trabajador promedio paga varios meses de renta, surte la despensa que el INEGI dice que subió por culpa del jitomate y la papa, o repone el refrigerador que se le echó a perder durante los cuatro días sin luz de la calle Júpiter. Pero para vivir 'la emoción del futbol', como diría el secretario De la Peña, hay quien encuentra el presupuesto sin despeinarse.
Que conste: no hay nada ilegal en que un diputado se compre un boleto carísimo con su dinero. Faltaba más. El problema es de óptica, esa ciencia que en la política mexicana se reprueba con honores. El partido se llama Movimiento Ciudadano, no Movimiento desde-el-palco, y la postal del legislador allá arriba, con los jugadores de fondo como hormiguitas, mandó un mensaje involuntario pero clarísimo: el ciudadano de a pie ve el Mundial en la megapantalla de la Plaza del Ángel, apretujado entre familias y vendedores de banderitas; el legislador lo ve desde donde el sol no quema y el aire sabe a hospitalidad corporativa.
Mientras 'El Caballo' galopaba por la zona premium, en Chihuahua los aficionados de a deveras hacían fila en la glorieta de Pancho Villa, y en el Estadio Ciudad de México los aficionados en silla de ruedas batallaban una 'última milla' sin accesibilidad para siquiera llegar al recinto. Dos Méxicos en el mismo estadio: el que sufre el trayecto y el que tuitea la panorámica.
El detalle más fino es la naturalidad. Ni una pose de incomodidad, ni un 'me invitaron'. Solo la foto, el orgullo y el hashtag implícito de 'aquí andamos'. Y tiene razón: ahí andan. El asunto es que el votante también anda, pero en la chinampina de hasta atrás, viendo el partido por encima de tres sombreros y una bandera.
La próxima vez que un político hable de austeridad republicana, de cercanía con la gente o de sentir el pulso de las calles, recuerden esta imagen: el pulso de las calles se siente mejor desde un asiento de 22 mil pesos, con vista despejada y sin que nadie te pida que te quites el sombrero. Larga vida al Caballo, que de pesebre humilde no tiene nada.
Pongámoslo en perspectiva chihuahuense. Con 22 mil pesos un trabajador promedio paga varios meses de renta, surte la despensa que el INEGI dice que subió por culpa del jitomate y la papa, o repone el refrigerador que se le echó a perder durante los cuatro días sin luz de la calle Júpiter. Pero para vivir 'la emoción del futbol', como diría el secretario De la Peña, hay quien encuentra el presupuesto sin despeinarse.
Que conste: no hay nada ilegal en que un diputado se compre un boleto carísimo con su dinero. Faltaba más. El problema es de óptica, esa ciencia que en la política mexicana se reprueba con honores. El partido se llama Movimiento Ciudadano, no Movimiento desde-el-palco, y la postal del legislador allá arriba, con los jugadores de fondo como hormiguitas, mandó un mensaje involuntario pero clarísimo: el ciudadano de a pie ve el Mundial en la megapantalla de la Plaza del Ángel, apretujado entre familias y vendedores de banderitas; el legislador lo ve desde donde el sol no quema y el aire sabe a hospitalidad corporativa.
Mientras 'El Caballo' galopaba por la zona premium, en Chihuahua los aficionados de a deveras hacían fila en la glorieta de Pancho Villa, y en el Estadio Ciudad de México los aficionados en silla de ruedas batallaban una 'última milla' sin accesibilidad para siquiera llegar al recinto. Dos Méxicos en el mismo estadio: el que sufre el trayecto y el que tuitea la panorámica.
El detalle más fino es la naturalidad. Ni una pose de incomodidad, ni un 'me invitaron'. Solo la foto, el orgullo y el hashtag implícito de 'aquí andamos'. Y tiene razón: ahí andan. El asunto es que el votante también anda, pero en la chinampina de hasta atrás, viendo el partido por encima de tres sombreros y una bandera.
La próxima vez que un político hable de austeridad republicana, de cercanía con la gente o de sentir el pulso de las calles, recuerden esta imagen: el pulso de las calles se siente mejor desde un asiento de 22 mil pesos, con vista despejada y sin que nadie te pida que te quites el sombrero. Larga vida al Caballo, que de pesebre humilde no tiene nada.
Las notas reales, por si no nos cree:
- Sufren aficionados en silla de ruedas en la 'última milla' — El Diario de Chihuahua
- Hallan sin vida a mujer frente a su vivienda — El Diario de Chihuahua
- Presume “El Caballo” asistencia al Mundial — El Diario de Chihuahua